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Antes
de las Cruzadas y el periodo del barbarismo medieval y megalomanía, el
centro de nuestra civilización se localizaba en el Bizancio y las
tierras de los Califatos Arabes. Este fue el período cuando una horda de
super vándalos crudamente racistas dejaron detrás un rastro bizarro de
pillaje, saqueo y muerte en el cual los soldados eran quemados vivos
dentro de su armadura, algunos con sus entrañas de fuera, otros con su
cabeza y hombros incinerados al grado de poder observar la mayor parte
de sus pechos y ver una lección de anatomía de los secretos de la
naturaleza - hombres y caballos muertos, sus cuerpos tapizados de
flechas.
Parece
que la agresión y violencia son atributos innatos del homo-sapiens y
difícilmente desprendible. Nosostros hemos logrado control sobre
las fuerzas de la naturaleza a tal punto de que no tendríamos nunguna
deificultad para exterminarnos los unos a los otros hasta el último
hombre, mujer y niño, si así fuese necesario. La real solución a
este problema reside en las mentes del hombre y la mujer. Sin
embargo, cabe hacer notar que los seres humanos no son y nunca lo han
sido, de naturaleza agresíva sino que lo aprenden como un mecanismo de
respuesta a las circunstancias.
Generaciones
de hombres han discutido que la solución apropiada a la violencia humana
es canalizar la agresión innata hacia actividades cerebrales y físicas
tales como los deportes y juegos. El Ajedrez, es un juego que nos
apercibe a luchar con ninguna otra arma que no sea una conciencia
aprobatoria.
Educa
a los indivíduos a mirarse a sí mismos como miembros, no de una
tribu de hombres blancos o negros que inventan el prejuicio, temor y
sospecha de una raza extranjera, cultura, religión e ideas que
arrastran multitudes como miembros de un rebaño o turba a cometer actos
de locura colectiva que a la mayoría, tal como individuos razonales y
seres hogareños con familia se tornan como personas sin sentido y
justicia. La invención de un enemigo común reforza el sentido
tribal de unidad y por lo tanto los humanos se matan mutuamente sin
saber el porque. Lo hacen tal vez debido a una convicción de
muchedumbre cultivada.
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