En
aquellos tiempos, el elaborar juguetes mecanicos era una forma popular
de entretenimiento en las cortes de Europa, aunque la tecnología que
ellos plasmaban daba mucho a que desear. Así pues,
Kempelen intentaba hacer de su máquina jugadora de
Ajedrez algo mas que divertir a la corte y avanzar en su carrera al
impresionar a la Emperatriz. Pero en vez de eso, su autómata
inesperadamente se remontó para lograr una fama extensa a través de
Europa y América logrando para Kempelen ambos
triunfo y desesperación.
Durante
su carrera de 85 años, al autómata se le asoció con un gran número de
figuras historicas que incluyen Benjamin Franklin, Catalina
la Grande, Napoleón
Bonaparte, Charles Babbage y Edgar Allan Poe.
Fue sujeto de numerosas historias y anécdotas e inspiró a muchas
leyendas y fábulas sinceras, de las cuales muchas de ellas nunca serán
conocidas. El jugador de Ajedrez fue, de cierto, destinado a ser
el autómata mas famoso en toda la historia. Y por un lado, el tabajo de
Kempelen ayuda inconcientemente al desarrollo
del telar, el teléfono, la computadora y el cuento del detective.
A
los ojos modernos, en una era en la que se requiere una supercomputadora
para derrotar al Campeón del mundo, parece obvio que la máquina jugadora
de Ajedrez de Kempelen
tenía que haber sido un truco - no un verdadero autómata del todo sino
un artilugio que actuaba bajo un fraudulento control de un operador
humano, algo así como un títere bailando con unos hilos. ¿Como,
después de todo, pudiese haber sido posible construir una máquina
jugadora de Ajedrez genuina usando trabajo de relojería del siglo XVIII
y tecnología mecanica? Sin embargo durante el siglo XVIII
autómatas de ingenuidad extraordinaria se estaban construyendo y
exhibiendo a través de Europa incluyendo el pato mecánico de
Jacques de Vaucanson, el toca-Clavicornio de
Henri - Louis Jaquet-Droz y la Dama bailarina de
John Joseph Merlin.
Dispositivos
mecánicos prometían ofrecer nuevas posibilidades tecnologicas
ilimitadas. Así que la noción de que la máquina de Kempelen realmente
pudiese jugar al Ajedrez no parecía estar totalmente fuera de la
realidad.
Aún entre los escépticos que insistían que era un fraude, había
desacuerdos acerca del como el autómata trabajaba, conduciendo a una
serie de reclamos y contra reclamos. ¿Se trataba de trucos
mecánicos, magnetismo o ardid de la mano? ¿Se encontraba un enano, o un
niño pequeño o un hombre sin piernas oculto adentro? ¿Era controlado
remotamente por un operador en otro cuarto o escondido bajo el piso?
Ninguna de las muchas explicaciones suscitadas a través de los años tuvo
éxito en llegar a comprender totalmente el secreto de Kempelen y
solamente lograron socavar el uno al otro.
Ciertamente,
apenas recientemente y estudiando la construcción de una réplica del
autómata, el secreto total de su operación ha sido revelado. Al
desear hacer de esta máquina un jugador de Ajedrez, un artilugio
aparentemente capaz de razonar, Kempelen provocó un debate vigoroso
acerca de hasta donde las máquinas pueden emular o replicar facultades
humanas. El debut de la máquina coincidió con los principios de la
revolución industrial, cuando las máquinas por primera vez empezaban a
desplazar a los trabajadores humanos y las relaciones entre la
gente y las máquinas se estaban volviendo a definir. El jugador de
Ajedrez presentaba un desafío hacia cualquiera que se refugiaba en la
idea de que las máquinas podían ser capaces de superar a los humanos
físicamente pero no los podría aventajar mentalmente.
Las
reacciones que inspiró de tal manera presagiaron reacciones modernas
hacia la computadora mas de 200 años despues. Y la curiosa
anécdota del autómata, caminando en una trayectoria paralela junto a la
prehistoria de la computación pero conectándose en unos pocos lugares
clave, ha adoptado hoy una nueva importancia al continuar los
científicos y filósofos el debate en la posibilidad de la inteligencia
artificial. Kempelen nunca le dió un nombre al autómata, pero su
característico atuendo oriental dió lugar a un apodo inmediatamente y a
la fecha se le conoce como el Turco. Esta es la historia de su
carrera extraordinaria y de altibajos.
Reproducido con
autorización de Walker & Company
de su edición de "El
Turco"
publicado en
Abril 2002
|
Preguntas
y Respuestas
con Tom Standage, autor
de El Turco:
"La vida y época
de la famosa
máquina jugadora de Ajedrez del siglo XVIII" |
P:
¿Cuando fue que usted escuchó por primera vez acerca
del Turco?
No lo
recuerdo exactamente, pero probablemente fue cuando era un adolescente y
por primera vez me interesé en la inteligencia artificial. Yo tenía un
libro titulado "La Barba del Policía esta a medias" el cual contenía
poemas y prosas escritas por un programa de computadora llamado Racter.
Dediqué varios meses de trabajo a mi propio software (programa) para
hacer la misma clase de cosas: mantener conversaciones, construir
frases, escribir poemas y así por el estilo.
También escribí
programas que podían hacer deducciones lógicas basadas en simple
declaraciones y generar horóscopos. Leí algo de materia sobre
inteligencia de máquinas en general y fue muy probable que por primera
vez me encontré con la historia del Turco.
P:
¿Que fue lo que particularmente le interesó acerca de
la historia del Turco?
Lo
que más me llamó la atención fue el hecho en el cual
este autómata inició un debate a finales del siglo XVIII, de como una
máquina pudiese razonar o no. Me encantó la idea de que la gente
discutía la posibilidad de máquinas pensantes más de 150 años antes de
que las primeras computadoras digitales fuesen creadas. Nos gusta
pensar que el debate de la "inteligencia artificial" es un fenómeno
moderno, pero no es así.
Yo prefiero ser aficionado en recolectar
ejemplos de esta clase de precursores de cosas historicas de la ciencia
moderna y descubrimientos tecnológicos. Mi primer libro, El Internet
Victoriano, se enfocó en los paralelos entre las redes del Telégrafo y
el moderno internet del siglo XIX. Mi segundo libro, El Expediente
Neptuno, se trató de como el planeta Neptuno fue detectado en el año de
1845 por medio de análisis matemáticos sobre su efecto en otros cuerpos
celestes -el cual es como hoy en día los astrónomos detectan planetas
alrededor de otras estrellas.
P:
El turco es una historia de
indagación así como un libro acerca de historia y tecnología.
¿Como pudo ud. reunir todas las piezas de la algo misteriosa historia
del Turco?
El
problema mas grande fue el distinguir entre la realidad y ficción.
Existen muchos mitos y leyendas alrededor del Turco, muchas de las
cuales son rutinariamente reportadas como verdad. Aún la Enciclopledia
Británica de 1911, mi fuente favorita del panorama mundial Victoriano,
tiene una explicación completamente errónea de su secreto basada en una
historia creada por el mago Robert
Houdin en el siglo XIX.
Wolfgang von Kempelen,
el creador del Turco, se le refiere casi universalmente como un Barón,
pero nunca lo fue. Esta clase de cosas se sucede repetidamente,
así que tuve que volver atrás hacia los reportes originales y revisarlos
en orden cnonológico y ver que era lo mas confiable.
Fue entonces
posible observar errores y fabricaciones propagadas por una fuente a
otra. Indagé en antiguas revistas y orígenes en Inglés Francés
y Alemán y me comuniqué con un investigador en Budapest quien tradujo
extractos de fuentes Húngaras al idioma Alemán para mi. También visité
la
Library Company de Filadelfia que tiene unos archivos
enormes de material relacionado con el Turco.
También
charlé con miembros de lo que yo llamo "La Mafia Turca" -un grupo de
magos, expertos en Ajedrez y academicos, la mayoría de los cuales se
comunican entre ellos y todos aquellos que se interesan apasionadamente
en el Turco y su historia. Llegué al punto de competir en oferta contra
miembros de la Mafia Turca cuando
articulos relacionados con el Turco
salieron a la venta en eBay.
P:
¿Porque hubo mucha gente inclinada a creer que el
Turco era genuino?
Parece
ser que ha sido un número de razones. La primer visita del Turco a
Paris, por ejemplo, coincidió con la primer demostración pública de un
globo aerostático de aire caliente por los hermanos Montgolfier.
Si las máquinas voladoras, que supuestamente eran imposibles, podían de
hecho ser construídas, ¿entonces porque no una máquina pensante?
La
tecnología mecánica avanzaba muy rápidamente, la revolución industrial
estaba empezando y escaparates de juguetes mecánicos de asombrosa
complejidad eran muy populares. La manera en que el Turco fue
presentado, logró una gran diferencia también. John Gaughan,
un mago de Los Angeles, ha recontruído al Turco y cuando una persona lo
mira jugando, aún si conoce su secreto, es realmente muy convincente.
Parece tocar dentro de una real compulsión fundamental humana a creer
que es real.
P:
¿Usted cree que una "máquina pensante"
será posible en un futuro cercano?
Todo
depende de como usted defina "pensante". Yo me uno a Alan
Turing, el gran matemático Británico, quién esquivó
esta pregunta filosóficamente con su "prueba de Turing": el definió una
máquina pensante como algo que pueda convencer a alguien de que es un
humano en una sesión escrita de pregunta-y-respuesta. En otras
palabras, para propósitos prácticos, una máquina que aparente ser
inteligente -que pueda responder a preguntas, o manejar un auto como
respuesta a direcciones habladas, o cualquier otra cosa -es tan
buena como una máquina que es "realmente" inteligente.
Los
filósofos pueden continuar y argumentar acerca de que si es o no
realmente pensante o si tiene una mente, o lo que sea, pero desde el
punto de vista de un ingeniero, lo que la máquina pueda hacer es lo que
cuenta. Yo pienso que veremos máquinas como esta en los próximos años:
Computadoras personales manipuladas por palabras, asistentes personales,
y cosas por el estilo. Daran la impresión de poder pensar. ¿Seran
ellas como la mente artificial de HAL, la computadora de la pelicula
"2001 Odisea del Espacio"? Tal vez no, pero aún así, serán muy útiles.
ACERCA
DEL AUTOR
Tom
Standage nació en Londres y estudio teoría de
ingeniería y computación en la Universidad de Oxford. Desde su
graduación, el ha contribuido en ciencia y tecnología para un número de
de periodicos y revistas, incluyendo The Guardian, The
Independent, Wired, FEED, y Prospect.
Antiguo subdirector de edición de la sección del Daily
Telegraph's Technology,
ahora es un corresponsal para The Economist.
Sus
dos primeros libros, El Internet
Victoriano: La
Extraordinaria Historia del Telégrafo
y los Pioneros en Linea del
Siglo XIX (Walker & Company, 1998) y El
Expediente Neptuno: Una Historia de Rivalidad Astronómica y los Pioneros
de la Caza de Planetas (Walker & Company, 2000),
fueron publicados en ambos lados del Atlántico. El Turco: La Vida y
Época de la Famosa Máquina
Jugadora de Ajedrez
del Siglo XVIII (Walker & Company, 2002)
fue
publicado como El Turco Mecánico: La Verdadera Historia de la Máquina
Jugadora de Ajedrez que Engaño al Mundo -por Penguin en el Reino Unido
en Abril del 2002.
Tom Standage
reside en Greenwich,
Inglaterra con su esposa
e hija.